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*Personajes*

miércoles, junio 07, 2006

RAMÓN MARÍA DEL VALLE INCLÁN
(1869-1936)


Nacido en Puebla de Caramiñal (Villanueva de Arosa, Pontevedra), es una de las figuras más extraordinarias y desconcertantes de nuestra literatura y de nuestro siglo. Aunque en diversas ocasiones trazó pedazos de su auto-biografía (y aun ciertas obras y personajes suyos, como «el marqués de Bradomín»- pretenden ser auto-biográficos), es tal la fantasía que prodiga en todo que, con mucha dificultad, un crítico-biógrafo cuidadoso podría descifrar lo que en la vida de Valle-Inclán es historia de lo que es pura fantasía.
Sólo se sabe de cierto que, en su primera juventud, viajó por México y otros países de Hispanoamérica, y que, en 1895, llamaba la atención en Madrid por su extravagante vestimenta. Luego residió alternativamente en Madrid y en Galicia.
A consecuencia de una discordia que tuvo con Manuel Bueno, quien le dio un bastonazo en la muñeca del brazo derecho y, a consecuencia de ello, para evitar la gangrena, tuvieron que amputárselo.
Se casó con la actriz Josefina Blanco, y tuvieron varios hijos, aunque, debido a temperamentos divergentes, el matrimonio terminó en separación. Desempeñó en Roma el cargo de director de la Academia de Bellas Artes para pensionados españoles.
Como escritor, Valle-Inclán es ante todo un formidable estilista. A lo largo de su obra pueden distinguirse claramente dos estilos: el típico «modernista» de su primera época, de tonos esfumados y exquisita musicalidad (las cuatro Sonatas, Flor de santidad, etc.), y el satírico, violento y caricaturesco, de colores chillones, que caracteriza su producción ulterior (Farsa y licencia de la reina castiza, los Esperpentos, etc). En el teatro, observamos las mismas características evolutivas: Cuento de abril, La cabeza del Bautista, Divinas palabras y otras obras.
En cuanto a su poesía podría decirse que, en un principio, se abanderó como modernista, pero pronto creó un estilo suyo muy personal y sui géneris. Desgarrado, crudo y chillón, a veces, y, otras, melancólico, hermético y profundo de sentimientos. Escribió solamente tres obritas que llevan por título: La pipa de Kif, Aromas de leyenda y El pasajero, que dan título a la obra general "Voces de gesta."

El trabajo es obra de Rosa Garcia (4ºC), Fernando Rondán y Pedro (4º C)